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Cheap Trick at Budokan

Cuando cualquiera de nosotros enumeramos la lista de los mejores discos en vivo de todos los tiempos la cosa se pone fácil: 1) Live at Leeds de The Who; 2) It’s Alive de Ramones; 3) Cheap Trick at Budokan por nombrar los primeros tres.

El primero porque es el registro de la mejor banda en vivo de la historia del rock and roll en su mejor momento. El segundo porque se trata de una banda protagonizando el último cambio coyuntural del que se tenga memoria en el mundo de la música -y estamos hablando de la música, no de la industria musical-. Y el tercero. El tercero es Cheap Trick, la banda menos pensada.

A fines de los años setenta se editaron varios álbumes en vivo registrados en Japón: Bob Dylan, The Runaways y Cheap Trick son algunos de ellos. Había sed de rock en aquellas adolescentes japonesas que soñaban con vestirse como Cherie Currie de las Runaways. Los recitales de 1978 de la banda de Rick Nielsen en el Nippon Budokan, un estadio gigante construido para ser sede de los campeonatos de judo en Tokio jugaron un papel seminal definiendo cómo sería el sonido del power-pop  por los siguientes veinte años.

Hasta 1979, Cheap Trick era una banda con tres discos francamente intrascendentes en el mercado norteamericano. No tenían el maquillaje y el carisma de Kiss, habían llegado muy tarde a la movida punk neoyorkina y sus canciones sobre chicas y discos viejos los mantuvieron fuera de la escena post-punk y new wave que comenzaba a hacerse oír. Sin embargo esta banda de Chicago -otra contra, nadie hace rock en Chicago, si estás ahí es blues o muerte- tenía una razón para existir: vendía discos -y muchos- en Japón. Como suele suceder con bandas que no son comprendidas por el público norteamericano, Cheap Trick encontró su lugar en el mundo en ese mítico estadio de Tokio. El álbum con las canciones de sus recitales en Budokan fue arrasado en las disquerías a manos de teens japonesas que adoraban la cabellera dorada del cantante Robin Zander. Mientras tanto, en EE.UU., nadie sabía que uno de los mejores álbumes en vivo de todos los tiempos había sido editado a sus espaldas.

¿Qué tiene de interesante este disco de 10 canciones?

El impacto que provocó At Budokan en la industria musical de Estados Unidos tiene solo dos antecedentes: The Beatles y The Clash. Ambas bandas británicas con sus correspondientes debuts discográficos ingresaron a la fuerza a los charts norteamericanos, es decir, sus discos tardaron en encontrar compañías que los editen y distribuyan mientras el mercado de importadores servía de tester para ver cómo reaccionaban los fans ante estas nuevas propuestas. Las edición importada de Please, Please me fue la última barrera a vencer antes que la Invasión Británica tome el poder del rock en los años sesentas. Asimismo, The Clash fue la respuesta oficial de la Corona ante la explosión punk dinamitada por los Ramones en UK en los setentas y que terminaría con las patéticas presentaciones de los Sex Pistols en terreno estadounidense. At Budokan de Cheap Trick siguió por el mismo camino. Fue tal la acogida del álbum por parte del público japonés que casi instantáneamente produjo un efecto rebote en los oyentes norteamericanos. El álbum entró a la listas de los discos más vendidos siendo un álbum importado. Lo que diferencia a Cheap Trick de los Beatles y The Clash ¡es que ellos eran importados en su propio país!

El tiempo terminó dándole la razón a las fanáticas japonesas. At Budokan era un disco histórico y ellas fueron las primeras en notarlo. Es histórico porque este álbum está presente prácticamente en cualquiera de los grandes momentos del rock de los siguientes veinte años. Veamos.

¿Quién puede negar que bandas del glam metal de los ochenta como Bon Jovi, Mötley Crüe o Poison no copiaron la fórmula de Cheap Trick? El cantante rubio y carilindo de pelo largo; el guitarrista cerebral como director creativo; aspecto aparentemente duro e impostado de sus integrantes cuando en realidad estaban cantando las canciones más melosas que se les pudieron ocurrir para que los shows estallen de adolescentes en estado de ebullición. “I’ll Be There for You” “I Want Action” “Girls, Girls, Girls”, todas tienen como antecedente a “I Want You to Want Me”: bandas de hard rock hablando sobre chicas de la manera más violentamente pop y edulcorada. Imposible dejar afuera de esta lista a Guns’n’Roses, de quienes, además, hasta se podría decir que rinden tributo a la banda de Rick Nielsen en la tapa de su EP en vivo Live ?!*@ Like a  Suicide: una foto en vivo de Axl y Duff, cantante y bajista respectivamente, exactamente la misma fórmula que utilizó Cheap Trick en su portada mostrando solamente al cantante Robin Zander y al bajista Tom Peterssen no sólo en At Budokan, sino también en In Color y Heaven Tonight, dos de los discos que presentaban esa noche en Japón.

Si bien las bandas de los ochenta tomaron la forma propuesta por Cheap Trick, las bandas de los noventa tomaron el contenido. Kurt Cobain se refirió a Nirvana en una entrevista como “Cheap Trick pero con guitarras más pesadas”. Luego de Bleach, un álbum sucio, ruidoso y amorfo, Nirvana agregó un ingrediente más a la fórmula, seguirían siendo sucios y ruidosos… pero pop. El mejor ejemplo está en “Auf Wiedersehen”, canción que aparece en el recital completo de At Budokan, tanto la intro pesada como la voz rajada y chillona de Zander remiten directamente a Cobain gritando descarnadamente los estribillos de “Drain you” o “Smell like teen spirit”. Otro sucio punto en común con el fallecido cantante de Nirvana es que “Auf Wiedersehen” es una canción de despedida cuya letra consiste en enumerar la palabra “adiós” en distintos idiomas.

Cheap Trick también es el eslabón perdido entre los Beatles y Oasis. No hace falta aclarar que los Fab Four son la influencia principal tanto para los de Chicago como para los de Manchester. John Lennon es referente para los cantantes de ambas bandas. Por eso es que cuando Robin Zander canta “ELO Kiddies” en Tokio no sabemos a quién escuchamos: ¿Es Lennon o Liam Gallagher? Los temas más rockers del recital en Budokan: como “Lookout”, “Speak Now or Hold Your Peace Forever” o el cover de Fats Domino, “Ain’t That A Shame” bien podrían ser b-sides de singles como “Live Forever” o “Acquiecse” de Oasis. Las intros con la batería de Bun E. Carlos parecen estar esperando a la guitarra de Noel Gallagher para hacer de canciones como “C’mon C’mon” y “Some Might Say” una sola.

Entonces ¿Qué hubiera sido del planeta si Cheap Trick no grababa este concierto? Bueno, jamás hubiésemos escuchado Pinkerton, el álbum perfecto de Weezer. La lista de mujeres que enumera Rivers Cuomo en “Tired of sex” tranquilamente pueden ser las “Southern Girls” a las que se refiere Nielsen. “Across the sea” es el ejemplo concreto en Pinkerton: ¿un artista atribulado leyendo cartas de fans japonesas? ¡Por Dios! Si son las mismas que deliran en Budokan. Cuomo está proyectando los deseos que le despertaron cuando oyó a todas esas chicas cantar los coros de “I Want You to Want Me”. En “El Scorcho” nuevamente aparecen japonesas acosando a Rivers, quien invita a una de ellas a un recital de Green Day, el próximo blanco.

Una letra que habla sobre la relación entre padres ex combatientes de la guerra que se pasan toda la noche revolcándose en el sillón delante de sus hijos, drogándose y poniendo discos de Kiss puede ser el tema central de una obra conceptual como las que nos tiene acostumbrados Green Day en los últimos años con American Idiot y 21st Century Breakdown, pero no, es la letra de “Surrender” el himno generacional de Cheap Trick y su obra cumbre. El guitarrista y compositor Rick Nielsen define en esta canción a los tardíos baby boomers, los que, al contrario de sus padres, zafaron de la segunda Guerra Mundial, los ataques a Corea y la invasión a Vietnam, los que sobrevivieron a los asesinatos de los Kennedy y a la renuncia de Richard Nixon. Pienso en Eric Foreman de That 70’s Show, el hijo menor de un ex soldado que volvió de Corea para enderezar a su hijo y al resto de sus amigos vagos –Cheap Trick grabó la cortina musical para esta serie ambientada a fines de los setenta. Por eso el grito de guerra final “We’re all alright!” ¿Cómo no estarlo habiendo superado todos estos escollos? Tal vez sus padres actúen un poco extraño, pero ellos también lo sufrieron y, después de todo, están bien. Por eso no es casualidad que Green Day toque este tema en sus presentaciones, Billie Joe sabe muy bien lo que representó “Surrender” en los chicos WASP (White Anglo-Saxon Protestant, el estereotipo adolescente norteamericano), y sabe que él fue el elegido para escribir, “Wake Me Up When September Ends”; “Jesus of Suburvia” o “21 Guns”,  los himnos de la Generation Kill que sufrió en Irak.

Éste es el legado de Cheap Trick At Budokan, un álbum de sólo diez canciones, un recital que no inventó mucho, pero que se erigió como piedra fundacional para las dos generaciones de músicos siguientes. Ninguno de sus integrantes sabía que ésa era LA noche. Fueron a tocar temas viejos (“Surrender” es la única canción de Heaven Tonight, su último lanzamiento hasta ese momento, que se incluyó en el álbum original) y terminaron grabando las versiones definitivas de su propio repertorio. Un recital que quedó en la memoria colectiva de los que luego serían los dueños de los escenarios: Nirvana, Oasis, Green Day, Weezer; todos ellos tuvieron en mente este recital en Tokio cuando compusieron sus obras maestras ya sea apropiándose de su sonido, la forma de cantar, las letras, o simplemente queriendo ser el que está ahí arriba provocando el delirio de miles de adolescentes japonesas.